última actualización: 16/12/2025
El chicharrón, el lomo saltado y los anticuchos forman parte de nuestra identidad gastronómica, pero también pueden contener altas cantidades de grasas saturadas. Descubre cómo equilibrar tu alimentación sin renunciar a los sabores peruanos.

Hay algo que todo peruano lleva en el corazón, y es ese amor incondicional por nuestra comida. El ceviche un domingo, el ají de gallina que te hace tu mamá, los anticuchos en la esquina que tienen ese sabor que nunca vas a encontrar en otro lado. Perú tiene la gastronomía más reconocida de Latinoamérica, y no es por casualidad. Es por siglos de mestizaje, de fusión, de sabores que se fueron mezclando hasta crear algo único.
Pero acá viene la parte incómoda. Porque resulta que varios de esos platos que tanto amamos, esos que nos recuerdan al barrio, a la familia, a las fiestas, traen consigo cantidades importantes de grasas saturadas. Y eso está afectando nuestra salud de formas que recién estamos empezando a dimensionar.
Los datos del Ministerio de Salud del Perú muestran una realidad que no podemos ignorar. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el país. Más de la mitad de los peruanos tiene exceso de peso. La obesidad está creciendo año tras año, y gran parte de esto tiene que ver con lo que estamos comiendo y cómo lo estamos preparando.
¿Alguna vez has dejado una olla con caldo de pollo en la refrigeradora? Al día siguiente esa capa blanca y dura que se forma arriba, esa es grasa saturada. Se solidifica porque está llena, "saturada" de hidrógeno a nivel molecular. La manteca que usamos para cocinar es otro ejemplo perfecto: sólida cuando está a temperatura ambiente.
El problema no es que esta grasa exista en la naturaleza. El problema es la cantidad que estamos metiendo a nuestro cuerpo día tras día. Porque cuando te pasas, tu colesterol LDL se dispara. Ese es el colesterol que los médicos llaman "el malo", y lo llaman así porque literalmente se va adhiriendo a las paredes de tus arterias.
Imagínate una tubería de agua que poco a poco se va llenando de grasa. Al principio el agua pasa, pero cada vez con más dificultad. Eventualmente, si no hacés nada, la tubería se tapa completamente. Eso es lo que pasa con tus arterias cuando consumís demasiadas grasas saturadas durante años.
La Organización Mundial de la Salud tiene una recomendación bastante directa: no más del 10% de tus calorías diarias deberían venir de grasas saturadas. Para una dieta de 2,000 calorías, hablamos de unos 22 gramos máximo. ¿Cuánto es eso? Un plato de chicharrón con arroz y camote frito puede superarlo fácilmente.

Aquí viene la parte complicada, porque voy a hablar de platos que probablemente amas. Yo también los amo. Pero necesitamos ser honestos sobre lo que contienen.
El chicharrón peruano es un clásico. Ese cerdo frito hasta quedar crujiente por fuera y jugoso por dentro, servido con camote frito, sarza criolla y cancha. Delicioso. Pero nutricionalmente hablando, es una concentración importante de grasas saturadas. Los anticuchos, aunque la carne de corazón es relativamente magra, a menudo se preparan con bastante aceite y se acompañan con papas fritas.
El lomo saltado, ese plato que fusiona lo chino con lo peruano, puede ser problemático dependiendo de cuánto aceite uses y si incluyes papas fritas. El ají de gallina, con toda esa crema de leche y el pan remojado en leche, suma cantidades considerables de grasas saturadas. Los tamales peruanos, preparados tradicionalmente con manteca de cerdo, también entran en esta categoría.
Las salchipapas, que encuentras en cada esquina, son papas fritas más salchichas, todo frito. El arroz chaufa cuando se prepara con mucho aceite y embutidos. El tacu tacu frito. Las empanadas cuando las friemos en lugar de hornearlas. Hasta el pan con chicharrón que tanto nos gusta en los desayunos.
Según datos del Instituto Nacional de Salud, el consumo de alimentos fritos y procesados ha aumentado significativamente en las últimas décadas en las zonas urbanas del Perú, especialmente en Lima, Arequipa y Trujillo.
Esto es serio. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en Perú. Hablamos de infartos, derrames cerebrales, problemas que antes veíamos solo en personas mayores y que ahora están apareciendo en gente cada vez más joven.
Cuando tu dieta está cargada de grasas saturadas durante años, pasan varias cosas, ninguna buena. El colesterol LDL empieza a taponar tus arterias. Tu corazón tiene que esforzarse más para bombear sangre. La presión arterial sube. Y un día, sin aviso previo, puede venir un infarto. O un derrame. O ambos.
Pero el asunto va más allá del corazón. También aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, de obesidad severa, de enfermedad del hígado graso. Todo está interconectado. Cuando descuidás un aspecto de tu salud, otros también se ven afectados.
Lo más preocupante es que esto no es solo un problema de adultos. Cada vez más niños y adolescentes peruanos están desarrollando sobrepeso y obesidad, lo que significa que están comenzando su vida adulta con factores de riesgo cardiovascular que antes veíamos solo en personas de 50 o 60 años.
Más allá de los platos típicos, hay fuentes cotidianas que necesitas reconocer:
| Categoría | Ejemplos peruanos | Nivel de grasas saturadas |
| Carnes procesadas | Chorizo, hot dog, salchichas | Muy alto |
| Frituras | Chicharrón, papas fritas, yuquitas | Alto |
| Lácteos enteros | Queso fresco, crema de leche | Alto |
| Productos de panadería | Pan con mantequilla, pasteles | Moderado a alto |
| Comida rápida | Salchipapas, pollo broaster | Alto |
Voy a decirte algo que quizá no quieres escuchar: no hay atajos. No existe ningún remedio casero milagroso, ninguna dieta de 5 días, ningún batido verde que "limpie" tu cuerpo de grasas saturadas como si fuera un sistema de limpieza automático. Si alguien te promete eso, te está vendiendo humo.
Lo que sí funciona son cambios reales, sostenibles, que puedas mantener en tu día a día sin volverte loco.
Primero, come más fibra. Los frijoles, las lentejas, los garbanzos que ya consumimos en la gastronomía peruana. Las frutas que tenemos en abundancia: papaya, plátano, manzana, granadilla, chirimoya. Los vegetales también: zanahoria, brócoli, espinaca. Todo eso ayuda a tu organismo a eliminar el exceso de colesterol.
Segundo, no todas las grasas son enemigas. El aguacate, la palta que tanto amamos, tiene grasas saludables. Las nueces, las almendras también. El aceite de oliva es otro aliado. Estas grasas insaturadas en realidad protegen tu corazón en lugar de dañarlo.
Tercero, toma suficiente agua. No Inca Kola, no jugos azucarados, agua. Tu cuerpo necesita hidratación para procesar todo, incluyendo las grasas.
Cuarto, muévete más. No necesitas inscribirte en un gimnasio caro. Camina por el malecón, sube las escaleras en lugar del ascensor, baila marinera o salsa, juega fulbito con tus patas. El ejercicio regular ayuda a bajar el colesterol malo y subir el bueno.
Y quinto, incorpora pescado a tu dieta. Tenemos costa, tenemos pescado fresco increíble. El bonito, el jurel, la caballa, el salmón cuando puedas. Dos veces por semana sería ideal. Tienen omega-3 que ayuda a equilibrar todo el sistema.
Aquí está lo chévere de todo esto: no tienes que renunciar a la comida peruana para estar saludable. Para nada. Nuestra gastronomía tiene opciones increíblemente nutritivas si sabemos elegir.
El ceviche, por ejemplo, es perfecto. Pescado fresco marinado en limón, con cebolla morada, camote y choclo. Es bajo en grasas saturadas y alto en proteínas. La causa limeña puede ser saludable si usas papa amarilla hervida, palta con moderación, y relleno de pollo sin piel o atún.
El pescado a la plancha con arroz y ensalada. El sudado de pescado. El tiradito. El arroz con mariscos preparado con poco aceite. La papa a la huancaína si usas leche evaporada light en lugar de leche entera. El rocoto relleno al horno en lugar de frito.
Los anticuchos de corazón están bien si no te pasas con el aceite. Los tamales al vapor en lugar de fritos. El pollo a la brasa sin piel. Las ensaladas con verduras frescas peruanas: tomate, cebolla, rocoto, culantro.
Las sopas peruanas son excelentes: aguadito, sopa criolla, chilcano. Todas son nutritivas y reconfortantes. El caldo de gallina preparado sin tanta grasa. Los guisos de legumbres. El arroz con lentejas.
Si quieres facilitar las cosas y no cocinar todo desde cero, plataformas como DiDi Food te permiten buscar restaurantes que ofrecen preparaciones más saludables de los platos que te gustan. A veces la comodidad también ayuda a mantener buenos hábitos.
Mira, nadie te está pidiendo que dejes el chicharrón para siempre. Ni el ají de gallina. Ni los anticuchos. Pero sí necesitamos encontrar un balance. Preparar las cosas de forma más inteligente. Elegir mejor. Moderar las porciones de frituras.
Son cambios chicos que no te van a complicar la vida, pero que sostenidos en el tiempo marcan una diferencia enorme. Tu corazón te lo va a agradecer. Tu energía va a mejorar. Tu calidad de vida también. Y lo mejor de todo es que vas a seguir comiendo rico, comiendo peruano, pero cuidando tu salud.

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